sueño que en mi casa vive desde hace años un hombre, un escritor, no sé su nombre.
duerme en mi cama pero nunca hablamos, se despierta siempre antes que el resto y se marcha a sus cosas, yo vivo todavía con mis padres, mi padre aún vive.
el escritor esta mañana no se va, el escritor quiere quedarse conmigo para siempre.
mi padre sale de la habitación, lleva una bata azul oscuro, y nos pregunta qué queremos desayunar.
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sábado, 3 de noviembre de 2012
miércoles, 15 de agosto de 2012
La burra
Carmela tenía una burra. Una mañana amaneció muy mal. Pienso esto hoy y casi quiero llorar. Había dado muchas vueltas, tenía el cuello doblado y debajo del cuerpo. La burra estaba atada. Lo del cuello doblado. Pensar en toda la noche la burra sufriendo. El veterinario dijo que además le habría dado algo, que no fue solo estar atada y sola. Carmela vivía con su hijo y la burra. La burra rebuznaba cada hora. La burra era toda su vida, dice mi madre. Era preciosa, suave, buena. Muchas veces dijimos "la burra de Carmela" y nos reíamos. Una vez le hice fotos. Salía muy bien en las fotos.La burra murió a los pocos días de aquel amanecer. Se la llevaron en una grúa. Carmela y su hijo se disgustaron mucho y no quisieron comprar otra burra. Murieron hace poco, casi juntos. Dejan dos perros solos y tristes. La hierba sin cortar.
Les doy a veces de comer, no los acaricio, no les miro.
Les doy a veces de comer, no los acaricio, no les miro.
martes, 20 de septiembre de 2011
Algunas cosas mejoraron
Una vez existió una muchacha muy guapa, bondadosa y alegre. Vivía en una pequeña aldea. Su padre, un carpintero que trabajó en la construcción de la vía del tren - y en sus túneles -, murió cuando ella tenía tres años, de algo del pulmón. Tenía una hermana pequeña de quien nunca se separaba. En su casa vivían también los abuelos y los tíos maternos. Nueve personas para cuatro habitaciones. Todos los días desayunaban, comían y cenaban caldo. El pan era casi siempre viejo. Cuando nadie la veía cogía un trozo y lo metía en azúcar. Su golosina favorita. La única. Su mayor miedo infantil era que su madre se muriese o que alguien la raptase. Su juego preferido, vestir y peinar mazorcas de maíz como si fuesen muñecas. Cuando cumplió los catorce dejó el colegio y se fue con su madre a coser por las casas. La máquina pesaba un poco. Allí las trataban bien, la mejor comida era para ellas. En su tiempo libre ya no jugaba, ahora leía novelas que le dejaba el cura. Con veinte años marchó a la ciudad para hacer un curso de corte y confección. En los pocos viajes que hacía para visitar a su familia conoció a un hombre, el cobrador del autobús, que siempre intentaba sentarse a su lado y darle conversación. Tenía la nariz muy grande pero le parecía muy guapo. Una vez fueron al cine a ver Genoveva de Bravante, su novela favorita de cuando era más joven. Los hombres en el cine reían. Ella lloró. Después de tres meses de relación decidieron casarse. Nunca pensó que se casaría por amor. Vivieron en varios pueblos hasta que compraron un piso en la ciudad. Les costó 300.000 pesetas y tuvieron que pedir dinero prestado para pagar la entrada. Al año y medio nació su primer hijo, a los tres años una hija. Y mucho tiempo después, otra niña. Su hermana se casó y se fue a vivir muy cerca. Las dos familias pasaban mucho tiempo juntas, sobre todo las madres con los niños cuando ellos no estaban.
Los niños crecieron.
Algunas cosas mejoraron.
Otras no.
Los abuelos murieron. Su hermana murió. Su marido murió. Su madre murió. Los hijos se fueron de casa. Tuvieron hijos. También se fueron de casa.
A esta hora estará haciendo la comida. ¿Tienes hoy caldo para comer, mamá?
miércoles, 4 de mayo de 2011
La vecina
Hablen con sus vecinos.
(Facultad de letras, París)
La vecina del séptimo nos dijo que debíamos poner nuestros nombres en el buzón, que el anonimato era sospechoso. La vecina nos pregunta nuestros nombres. La vecina nos besa cuando volvemos de vacaciones. La vecina no levanta las persianas. La vecina tiene una melena como de niña. A la vecina le duele una pierna. La vecina se muere en el portal, al lado de los buzones. El buzón del séptimo está lleno. Los papeles tapan un nombre.
(Facultad de letras, París)
La vecina del séptimo nos dijo que debíamos poner nuestros nombres en el buzón, que el anonimato era sospechoso. La vecina nos pregunta nuestros nombres. La vecina nos besa cuando volvemos de vacaciones. La vecina no levanta las persianas. La vecina tiene una melena como de niña. A la vecina le duele una pierna. La vecina se muere en el portal, al lado de los buzones. El buzón del séptimo está lleno. Los papeles tapan un nombre.
martes, 16 de noviembre de 2010
Aniversario
Hoy me he despertado en plena noche después de soñar que me regalaban una cesta de navidad gigante.
Aquello parecía una pesadilla, así que me abracé muy fuerte y me di besos.
Después resultó no ser plena noche y tuve que levantarme.
Antes recordé que hoy hace años de un par de cosas.
Me puse a diseñar todos los detalles de las celebraciones: música, comida, secuenciación de los eventos...
cuando me levanté, me dirigí al ordenador para poner una canción conmemorativa, pero vi la casa hecha una mierda y se me pasaron todas las ganas de golpe.
Alguien muy dentro de mi empezó a gritar: ¡aborta!,¡aborta el plan!¡Y pégale dos gritos a quien haga falta!
Entonces abrí la lista de reproducción titulada por mí: "Música relajante para evitar situaciones de conflicto".
Me puse a ordenar, a fregar cacharros.
Increíblemente, la música hizo su efecto.
Empecé a volar por la casa, parecía una mariposa.
Y en mi vuelo me encontré con los restos de un acto de amor espontáneo.
Aquello parecía una pesadilla, así que me abracé muy fuerte y me di besos.
Después resultó no ser plena noche y tuve que levantarme.
Antes recordé que hoy hace años de un par de cosas.
Me puse a diseñar todos los detalles de las celebraciones: música, comida, secuenciación de los eventos...
cuando me levanté, me dirigí al ordenador para poner una canción conmemorativa, pero vi la casa hecha una mierda y se me pasaron todas las ganas de golpe.
Alguien muy dentro de mi empezó a gritar: ¡aborta!,¡aborta el plan!¡Y pégale dos gritos a quien haga falta!
Entonces abrí la lista de reproducción titulada por mí: "Música relajante para evitar situaciones de conflicto".
Me puse a ordenar, a fregar cacharros.
Increíblemente, la música hizo su efecto.
Empecé a volar por la casa, parecía una mariposa.
Y en mi vuelo me encontré con los restos de un acto de amor espontáneo.
Aquello era inaudito: habían durado dos días.
Los ingerí todos como desayuno.(Supremos)
Y así fue como empecé a celebrar
;-)
viernes, 12 de noviembre de 2010
la pequeña v. no distinguió la realidad de los sueños hasta los 4 años

la pequeña v. dormía con su abuela
había overbooking en la casa familiar
abuela ,¿recuerdas cuando escapamos del lobo y
nos metimos en aquella caseta
y dentro había un disfraz de lobo?
no
había sachos y ghalletos
no
era en la cuesta de las pereiras
no
y corrimos hacia arriba
hasta encontrar la caseta
pero allí también teníamos miedo
¿al final que pasó abuela?
no sé, lo soñaste
pero abuela, tú estabas allí
Ilustración de Ana Sender
jueves, 4 de noviembre de 2010
Negro con reflejos verdes
Un bicho muy feo ha entrado en mi casa. Estoy en cama con la ventana abierta. Ayer he vuelto de la aldea. Así que no sé si ha entrado hoy por la ventana o ayer por la puerta. Es negro con reflejos verdes. Es tipo cucaracha pero más bonito. Ay, ahora resulta que no es feo, que es bonito. Cojo la zapatilla para aplastarlo. Imagino el ruido resultante, un ruido crustáceo, como una mezcla de plástico y vísceras y...no, no soy capaz. No puedo matarlo porque no quiero oir cómo suena su muerte. Lo recojo en un periódico, esconde las patitas, lo tiro por la ventana. Mientras cae, pienso:
a ver si me va a dar en el coche
¿morirá?
¿será mejor morir así o aplastado por una zapatilla?
Cinco pisos más abajo, se oye un pequeño y amortiguado sonido.
Pero soy capaz de soportarlo.
a ver si me va a dar en el coche
¿morirá?
¿será mejor morir así o aplastado por una zapatilla?
Cinco pisos más abajo, se oye un pequeño y amortiguado sonido.
Pero soy capaz de soportarlo.
viernes, 20 de agosto de 2010
Leñadores 1 - Árboles 0

Cuando yo era pequeña también los árboles eran más pequeños.
Hasta hoy no lo he sabido.
Mi madre, que todavía veía sin gafas con los superpoderes de una madre,era capaz de ver la hora en el reloj de la iglesia de Vilaboa,que está a varios kilómetros de distancia; podía verme incluso cuando nos tirábamos en los campos de La Laboral en las horas "libres"(o eso creía yo,y por eso le decía a S que mantuviese la distancia de seguridad,su cuerpo lejos del mío)
Pero ahora hay edificios frente a la iglesia, y yo ya no voy al instituto.
Primero cortaron los álamos, después los pinos y los eucaliptos, y en cualquier momento vendrán a por mí...
Que asquerosamente nostálgico me está quedando esto.
Me apetece decir: odio que corten árboles, odio a los leñadores, odio que las cosas cambien.

sábado, 3 de julio de 2010
Barbie y Teddy...y Barbie
Cuando era pequeña tenía dos barbies y ningún ken, o muñeco masculino equivalente, que pudiera servir para el matrimonio...o el refrotamiento plástico. Y mis barbies no eran unas superficiales que fueran a contentarse con quitarse y ponerse vestiditos por toda la eternidad. Así que tuve que liarlas con el osito Teddy. Sí, lo sé, fue una aberración, pero no iba a privar a las barbies de vida sexual sólo porque no hubiese a mano ningún macho de la misma especie...Ahora pienso que es curioso que me pareciese más aceptable una relación zoofílica que una lésbica. Tampoco estoy segura de que llegasen a disfrutar; es muy probable que, al haber recibido mis muñecos una educación profundamente católica,el mantener ese tipo de relaciones condenadas por la sociedad les haya producido numerosos traumas y complejos. Quizá es por eso que ahora los tres se comportan como si nada de aquello hubiese ocurrido. No puedo saberlo porque llevan años sin dirigirme la palabra.
lunes, 28 de junio de 2010
La niña
La niña tiene unos dos años y unas gafas rosas atadas a la cabeza. Me producen mucha ternura las niñas con gafas atadas a la cabeza.La madre sale a comprar tabaco. La niña llora.Quiero abrazarla o llorar yo también, no sé. La camarera se burla. La madre vuelve y echa unas monedas en la máquina tragaperras. Tiene el pelo negro y unas botas blancas. Lleva un jersey de invierno y no es invierno. Cuando lo pierde todo vuelve a su sitio en la barra. Al pasar a mi lado me mira un segundo mientras escribo esto.
Me creo muy especial porque en los bares leo y escribo y no tengo niños a quien atarles las gafas a la cabeza. Sí, me creo muy lista porque tengo facilidad para hacer muchas cosas: para estar en este bar escuchando música tristísima(no me extraña que la niña y yo lloremos), para dejarme acariciar por el periódico, devolver sonrisas a los desconocidos, y sobre todo,una enorme facilidad para pensar en palabras esdrújulas
que se salen de la página
y me dan una paliza
y me dicen que me calle.
Me creo muy especial porque en los bares leo y escribo y no tengo niños a quien atarles las gafas a la cabeza. Sí, me creo muy lista porque tengo facilidad para hacer muchas cosas: para estar en este bar escuchando música tristísima(no me extraña que la niña y yo lloremos), para dejarme acariciar por el periódico, devolver sonrisas a los desconocidos, y sobre todo,una enorme facilidad para pensar en palabras esdrújulas
que se salen de la página
y me dan una paliza
y me dicen que me calle.
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