viernes, 9 de marzo de 2012

Esperar a que vengan los indios

(...)Las cuentas no nos salen. De repente, nos quedamos en el paro. Los dos. Pero solo yo cobro subsidio de desempleo: 426 euros. Son nuestros únicos ingresos. En Pamplona era imposible vivir con eso, y nos mudamos a Galicia. ¿Hacemos cuentas? Aquí pagamos bastante menos de alquiler: 300 euros. Así que hay que alimentar cinco bocas y pagar gastos con 126 euros al mes. Complicado, ¿verdad? Pues la cosa se complica más porque le tengo que pasar una pensión de 300 euros a mi expareja. Las matemáticas no engañan. Es imposible. Así que me ha denunciado por impago.

Más de 200 currículos. Yo no soy de quedarme quieto. He echado más de 200 currículos. He ido a un montón de empresas. Haciendo autostop. A pata. Compré un coche por 250 euros. Pero no puedo pasar la ITV. Lo intenté. Compré unas ruedas a siete euros. Me vendría de perlas para buscar trabajo. Pero ahí está aparcado. No tengo ni para gasolina. Ni para fotocopias. Las fotocopias de los currículos me las hacían en el Inem, como favor. Hasta que me dijeron que ya no podían seguir haciéndolo. Es triste no tener unos céntimos para fotocopias. Economía de guerra. Nos apañamos como podemos.

Economía de guerra. Lo primero es llenar el estómago. A veces voy a Cáritas. Jamás en mi vida pensé que tendría que recurrir a Cáritas, pero sobre todo con las sobras del comedor del colegio de los niños. Así que no pasamos hambre. Muchas veces hay que comer y cenar lo mismo, pero es lo que hay. El problema viene cuando el colegio cierra por vacaciones. Entonces, sí que lo pasamos mal.

Vendimos el ordenador. Estas Navidades mi mujer, desesperada, puso un cartel en Facebook y nos mandaron comida y ropa. Ahora ya no tenemos ni ordenador. Hubo que venderlo. A Lidia le regalaron el otro día un pollo. Y los vecinos nos dan embutidos. La gente se enrolla. Saben que lo estamos pasando mal. En realidad, casi todo el mundo lo está pasando mal. Tampoco nos quejamos. Estamos jodidos, pero seguimos luchando. Y comida no nos va a faltar. En el colegio nos dieron el otro día una olla de albóndigas tremenda. Todavía quedan en el congelador.

Mi casa es El Álamo. Hemos solicitado la ayuda emergente. Si nos la conceden, serían 1069 euros. Podríamos respirar. Compraríamos unas gallinas ponedoras, unos pollitos, plantaríamos patatas, pimientos y tomates. Y así, cuando lleguen las vacaciones de Semana Santa, tendríamos algún pollo que darle a los niños. Intentaríamos autoabastecernos. No hay otra opción. Hacer de nuestra casa un fuerte. El Álamo. Y esperar a que vengan los indios. (...)

Hay que repartir el trabajo. ¿Sabe cómo se soluciona el paro? Pues repartiendo el empleo. Porque generar empleo, poco se genera. Pero el poco que hay habría que repartirlo. Lidia dice que volvamos a Pamplona. Pero ese cartucho ya lo quemamos. No podemos. Si surgiera una gran oportunidad… Pero las grandes oportunidades ya no existen. Vas a preguntar a las empresas y te da hasta pena porque te cuentan que están ahogados, que tienen deudas. La vida laboral es una gran mentira.

Carlos Manuel Sánchez





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